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| Imagen tomada de http://lh6.ggpht.com/ |
Las conspiraciones y envidias familiares, relaciones pasionales, o negocios corruptos son algunos de los ingredientes fundamentales de la Gran Reserva montada por Televisión Española la noche de los jueves.
Los Reverte y los Cortázar, dos familias enfrentadas por el odio y las traiciones del pasado, constituyen el núcleo central en torno al cual gira esta serie. La primera trata de labrarse un futuro a base de esfuerzo y humildad, la segunda haría lo que fuera por alcanzar el poder sin importar lo que se sacrificase (o a quien se sacrificase) en el camino.
Nunca un vino fue de tan peor calidad como esta, sorprendente pero exitosa, ficción de la cadena pública. Cada capítulo destila un aroma rancio y sin sustancia a lo largo de sus 75 minutos de duración. Estos calificativos van dirigidos especialmente al guión de la serie, cuyo argumento no tiene por dónde sostenerse porque no hay mucha historia que contar.
No se puede decir lo mismo de la fotografía, la estética y actuación de los personajes. Es en estos ámbitos donde Gran Reserva recupera el sabor delicado y sutil de todo buen vino. Cada detalle es mostrado con extremo cuidado y perfeccionismo. La mansión de los Cortázar, los viñedos y bodegas de LaSiesta (nombre ficticio de la localidad riojana donde una y otra familia libran una batalla sin cuartel) o la humilde casa de los Reverte son expuestos a los ojos del espectador con una delicadeza y exquisitez considerable.
Por su parte, los actores emprenden grandes y memorables interpretaciones. Emilio Gutiérrez Caba, en su papel de Don Vicente Cortázar, sabe con maestría adoptar la postura de un Padre de familia mafioso, mezquino y extremadamente inteligente. La doble cara que muestra en cada capítulo, la del buen samaritano de cara al exterior y temido hombre de negocios por todos aquellos que le conocen (incluso sus propios hijos), es uno de los desafíos que el actor ha pasado con nota, presentándose como una de las actuaciones más destacadas de la serie. Por otro lado, la veterana actriz Ángela Molina en su papel de Doña Sofía Reverte, madre comprensiva y protectora, lleva a cabo una interpretación correcta aunque no del todo sobresaliente. Y actores jóvenes que completan el reparto como Paula Echeverría (Lucía Reverte en la ficción), Tristán Ulloa (Miguel Cortázar) o Aitor Luna (Raúl Cortazar) brillan por su buen hacer interpretativo aunque se muestren un tanto deslumbrados y relegados a la sombra de los actores con senda experiencia profesional antes mencionados.





